
En Mallorca hay pueblos muy encantadores y no todos son de costa, uno de estos bonitos pueblos del interior de la isla es Porreres, un lugar donde la agricultura ha sido su mayor fuente de ingresos durante siglos y que debe su nombre a uno de los caballeros conquistadores, Guillem de Porrera, localidad de la comarca del Priorat en la provincia de Tarragona.
La gran cantidad de molinos que hay son la prueba de la agricultura en esta zona de la isla, el Pla de Mallorca, considerado desde siempre el granero de la isla. Hay 36 molinos, diez están en el mismo pueblo y el resto en las afueras. La mitad se utilizan como vivienda, otros como almacenes y siete de ellos están abandonados. Pero en estas tierras de cereales, almendros y viñas, destaca sobre todo la producción de albaricoque y son muy famosos los orejones de Porreres que durante años se exportaban a todo el mundo, así que si vas tendrás que probarlos.
En junio se celebra la llegada de los albaricoques con un triple certamen que incluye: degustación de confitura, muestra de cocina y concurso de helado, todo ello con el albaricoque como protagonista.
Hay varios monumentos de interés, pero de todos destaca en su núcleo urbano la imponente Iglesia de la Mare de Deu de la Consolació que comenzó a construirse en 1666 y se acabó en 1714. En 1886 se instalaron aquí los Padres de Sant Felip Neri con la intención de fundar una congragación en el pueblo y construyeron la Iglesia de Sant Felip Neri, acabada en 1911.
Además en estas tierras hay once cruces de gran valor histórico y artístico. Y una buena muestra de la arquitectura popular del lugar son los pozos públicos que servían para proveer de agua tanto a las personas como al ganado.
Pero en Porreres, lo que realmente tiene mucho encanto, sobre todo cuando los árboles frutales están en flor, es hacer una excursión hasta el Santuario de Montesión a 3 kilómetros, desde donde se disfruta de unas bonitas vistas sobre la costa sur y sudeste de la isla.
Foto Vía: wikipedia